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  • Un segundo aspecto que deber a ser considerado

    2019-05-13

    Un segundo aspecto que debería ser considerado para entender cabalmente por qué estas parentelas nobiliarias indígenas de Xolloco Acatla mostrarían una notable reluctancia Bleomycin Sulfate relacionarse con los poderes de San Pablo, y, por el contrario, habrían exhibido una interesada vinculación con los de San Juan, vendría dado por la posible relación política que las unió —cuando menos desde la posconquista más inmediata— con importantes personalidades nativas que habían habitado en este sector sur-occidental de la capital mexica. Ciertamente: tras la subyugación final de Tenochtitlan-Tlatelolco, Hernán Cortés liberó al último cihuacoatl documentado, don Juan Velásquez Tlacotzin. Las casas principales de morada del segundo al mando del señorío mexica o cihuacoatl se encontraban en predios muy cercanos a los solares donde, en 1525, se levantaría el definitivo convento de San Francisco, es decir, en la futura colación de San Juan. Tras su liberación, Tlacotzin recibió el “[…] cargo de la gente y el edificio, y el señorío de un barrio […]”. George Kubler y Ana Rita Valero de García Lascuráin apuntan la posibilidad de que este vecindario que Tlacotzin recibió “en encomienda” hacia 1521 fuese el de Xolloco Acatla, lugar donde, en 1530, se edificaría una pequeña ermita secular dedicada a San Antonio Abad. Sin embargo, Tlacotzin murió de regreso de la expedición que, desde finales de 1524, Cortés había conducido a Honduras con objeto de realizar una reprimenda a la insubordinación que el capitán Cristóbal de Olid protagonizó. Sea como fuere, un hijo del difunto Tlacotzin, de nombre don Jerónimo Velásquez y natural de la parte de San Juan de México, permutó con el vecino castellano Luis de Ávila Bezos, en el mes de noviembre de 1568, unas casas cercanas al barrio de Xolloco Acatla localizadas en el tlaxilacalli de Ateponazco por otras en el de Xihuitonco. Con ello se reafirmaba la persistencia de profundas redes de mutualismo y de solidaridad corporativa entre los espacios indígenas cercanos a Xolloco Acatla con los barrios nahuas de dicha cabecera. Por último, una tercera propuesta no sería tampoco desdeñable si consideramos a Xolloco Acatla como una zona feligresa teóricamente adepta a los frailes franciscanos —recordemos: cuyo convento radicaba en la parcialidad de San Juan— en tanto que un espacio de avanzada y de resguardo seráficos en la parte de San Pablo. Hemos aludido ya a methionine que existía una presencia secular permanente en esta zona tras la erección de la ermita de San Antonio Abad, circunstancia poco conveniente a los propósitos evangelizadores de los seráficos. De forma suplementaria, cabe recordar que, desde 1555-1556, el arzobispo Alonso de Montúfar logró secularizar también una sexta parte de las visitas doctrinales franciscanas en el valle de México, intensificando, a los pocos años, la presencia y las actuaciones de provisores de indios en la colación de San Pablo. Además, y como hemos apreciado en las líneas precedentes, la cabecera de esta última doctrina se encontraría bajo el influjo agustino como mínimo desde la década de 1540. Las autoridades franciscanas se habrían valido, pues, para sus propósitos en Xolloco Acatla y para con su importante élite vecinal, de los resquicios en la estructura sociológica mesoamericana, cimentada en los vínculos interpersonales desterritorializados y en las relaciones clientelares y de fidelidad con dislocación espacial. De haber llegado a existir esta clase de experimentación institucional franciscana en Xolloco Acatla, cabría interrogarse sin embargo qué tan eficaz fue, pues, durante el breve periodo en el que la doctrina de San Pablo estuvo completamente secularizada (c.1562-1575), en que nuestro barrio recibió beneficios poco despreciables. Ciertamente: la restauración y la ampliación de la ermita de San Antonio Abad fue todo un hecho. Desde 1562, el maestro de obras de la catedral metropolitana, el arquitecto Claudio de Arciniega, se encargó también de este pequeño templo, levantado por la familia Sánchez a inicios de la década de 1530. Un pariente de esta familia, Sancho Sánchez de Muñón, era precisamente maestrescuela del Colegio Catedralicio y cancelario de la Real y Pontificia Universidad de México. Y parece que él, junto a su pariente, Diego de Muñón, fueron los promotores directos de las grandes reformas en San Antonio Abad. El culto a este santo se concretó desde entonces en una cofradía para españoles, que se fundó el 19 de enero de 1565. Cofradía en la que los habitantes indígenas de Xolloco Acatla participaron activamente, elaborando imágenes del santo.